LLEVAN PENSANDO...

REDES SOCIALES

5 de abril de 2011

LA MADRE INGRATITUD

Era una soleada mañana otoñal típica de esta agradable zona mediterránea;  el  tiempo, una  vez más, invitaba a dar un reconfortante paseo junto al mar. Pasábamos por encima de la playa de la Zenia, la arena, las rocas y el mar quedaban a varios metros desde la altura a la que nos encontrábamos. Decidimos sentarnos en un banco para disfrutar sosegadamente del paisaje, cuando advertimos la presencia de un niño de unos 3 años que correteando se aproximaba hasta donde estábamos. Por circunstancias del destino  el pequeño tropezó en su carrera cayendo al suelo y quedando (por desgracia o por suerte) al borde de un precipicio entre unos barrotes que separaban el paseo de las rocas, las cuales se encontraban varios metros por debajo.
Nuestra reacción fue inmediata y de un salto llegamos hasta el niño para levantarlo del suelo y alejarlo rápidamente de la peligrosa zona en la que había caído, al tiempo que, visiblemente preocupados, con la mirada buscábamos  extrañados algún familiar que acudiera a socorrerlo o por lo menos a consolarlo. A no mucha distancia se divisaba un grupo de personas disfrutando de su paseo tranquilamente, totalmente ajenos a lo que allí estaba ocurriendo, ni siquiera querían mirar hacia el lugar en el que nos encontrábamos, ni hacían gesto alguno, por lo que supuse que no tendrían relación alguna con el pequeño.
De repente el chaval reemprendió su carrera y cuando llegó a la altura del grupo se lanzó a los brazos de una chica, gritando “¡mamá!”...
Ni una mirada de complicidad, ni una sonrisa agradecida, ni una palabra, ni un gesto. Nada, tan sólo recibimos la más absoluta y descarada indiferencia, más dolorosa si cabe que el mayor de los insultos o el más fuerte de los golpes.
Este tipo de desafortunadas anécdotas me hacen cuestionarme obsesivamente en qué tipo de personas nos estamos convirtiendo, qué clase de sociedad estamos construyendo entre todos o por qué fomentamos tanto egoísmo, pensando solamente en nosotros mismos. ¿Por qué nos cuesta tanto hoy en día mostrar la más mínima muestra de gratitud o deferencia hacia los demás?.
Al mismo tiempo, comportamientos como éste consiguen reafirmarme en mi idea de no tener hijos. Es cierto, yo no quiero ser ese tipo de padres, padres sin escrúpulos, despreocupados, sin responsabilidades ni temores, carentes de obligaciones; para mí un hijo implica todo eso y mucho más y por ello es una decisión que como mínimo algunos tendrían que reflexionar un poco más antes de tomarla…

2 comentarios:

  1. J.Antº, tú serás el buen padre que quieras ser y el resto del mundo te tiene que importar un pepino (por no decirlo más fuerte). Por lo que explicas, parece que ni se dieron cuenta del incidente del niño. Si no lo vieron, es normal que no os agradecieran vuestro gesto, aunque, tal y como está la vida, gracias que no te denunciaron por abusos o intento de secuestro del hijo (que de todo hay en la vila del señor!!). Soy padre, lo sabes, y he visto de todo, padres de una manera o de otra. Por suerte, abundan de los buenos. Curioso y casualidad tu post, porque para mí, este finde semana ha sido el de la charla de padres separados despreocupados por sus hijos. Se de uno de buena tinta que pasa olímpicamente de ocuparse de sus hijos, pero luego llena su muro de face diciendo lo buen padre que es... triste, ¿verdad? No tengais miedo a ser padres, sereis buenos padres, seguro, los demás, que hagan lo que quieran.

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  2. No me he debido de explicar bien, porque los padres se dieron cuenta perfectamente de lo sucedido, pero optaron por mirar para otro lado y pasar del tema descaradamente. Yo creo que encima pensarían (mira los histéricos estos)...
    No dudo de que sería un buen padre, o al menos intentaría por todos los medios serlo. Pero ahora mismo veo más inconvenientes que ventajas en tener hijos, no sé, llámalo egoísmo...

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